Escaneas el papel. La inteligencia artificial lo lee página a página, se comprueba que los números cuadren, y sale el fichero listo para importar en tu programa de contabilidad. Lo que no está claro se aparta con su motivo, en vez de inventarse.
Subes el Excel que ya usas y el portal lo relee cada pocos minutos, separa lo de cada cliente, y cada uno entra desde el móvil con su usuario y ve solo lo suyo. Tú sigues apuntando donde siempre.
Algo vigila una hoja, un correo o una carpeta. Cuando llega algo nuevo, coge los datos y los deja donde tienen que ir. Si algo no cuadra, avisa en vez de colarlo.
Cuando pasa algo que importa (un documento que revisar, una petición de un cliente, una fecha que se acerca), sale un correo a quien toca, escrito para que se entienda sin saber de informática. Y del buen funcionamiento del sistema me ocupo yo.
Cuando no puedes atender, contesta él: entiende qué necesita quien llama, apunta su nombre, su negocio y cómo contactarle, y te manda un resumen por correo al colgar. Está hecho para no inventarse nada: lo que no sabe, lo apunta para que llames tú.
Webs rápidas que se ven bien en el móvil (como esta) y paneles con los números de tu negocio a la vista, sacados de los datos que ya tienes.